Genealogía – Proyecto – Colaboradores – Alcance
El título es provisional. En mi niñez escuché que así llamaban a los guaqueros de agua, Zahorís, y en los comics aparecían estos personajes con un palito de madera recorriendo monte, esperando a que el palito temblara para indicar supuestamente el hallazgo de un depósito de agua. Pero según entiendo ahora, a los de los comics se les llama radiestesistas, practicantes de una pseudociencia sin mucho fundamento, en cambio, el término Zahorí se pierde entre las cadenas tróficas de la traducción y la traición, y puede estar más enlazado a tradiciones de observación detallada, tanto del cielo como del suelo.
Realicé el primer prototipo de este proyecto cuando era un estudiante de escultura: un ensamblaje entre partes de una maleta deshechada y el tubo de rayos catódicos de un televisor pequeño, a blanco y negro. No tengo registros del objeto pero tengo la foto de un apunte en una libreta de dibujo, hecho en 1999.
Para funcionar, la pieza necesitaba el mantenimiento constante de un charco de agua bajo ella.

El video que mostraba el televisor venía de grabaciones hechas con anticipación, colgando la cámara en sentido vertical de la misma manija de la maleta. En el reflejo que se veía en el charco, aparecía mi mano en primer plano empuñando la manija; al fondo, árboles, edificios, el cielo.
No sé qué tipo de instrumentos usaban los zahorís. Sé que en Mesoamérica se usaban cántaros de paredes porosas para estudiar y afectar el comportamiento de la humedad en los suelos. Formalmente, la maleta y el cántaro comparten el uso de asas o manijas, pero no es algo en lo que me haya interesado al tomar la decisión de retomar este proyecto.
Antes de la pandemia, las carreteras cercanas al pueblo en el que vivíamos en Santander, un departamento colombiano limítrofe con Venezuela, fueron atravesadas por miles de caminantes cargando familias y equipajes. Aparte de la estigmatización usual a la que son sometidos los migrantes en todas partes del mundo, estos llegaban a una región ya bastante preocupada por una supuesta escasez de agua, agravada por el turismo creciente del bosque seco tropical.
Buscar techo, buscar agua.
Casi una década más tarde, ahora siendo un migrante más, la idea de un proyecto parece cobrar sentido de nuevo, o un nuevo sentido (un cántaro se fabrica antes de que llegue el líquido que lo va a llenar). Este proyecto busca llamar la atención (aparentemente otro bien preciado y escaso) sobre el choque entre los discursos de desarrollo económico y tecnológico y las crisis provocadas por su impacto ecológico y el desplazamiento forzado de comunidades enteras.
Esteban Rey, Septiembre 11 de 2026