Alejandro Araque Mendoza

Artista Intermedial

Soy campesino del suroriente de Boyacá, de la vereda Perdiguiz, en Macanal, Colombia. Empecé dibujando y pintando, probablemente porque era una buena manera de entender el mundo sin tener que explicarlo todo. Con el tiempo, la curiosidad me llevó a la Universidad Nacional, donde descubrí que una imagen también podía tener cables, sensores, código, sonido y, sobre todo, muchas preguntas.
Desde entonces, mi práctica se mueve entre el arte, la tecnología y los territorios. Me interesan las conversaciones, los encuentros y la escucha; esas situaciones en las que uno llega con una idea y termina saliendo con otra completamente distinta. Por eso, más que pensar el arte como algo que se hace en solitario, me interesa crear con otros, poner saberes en circulación y descubrir qué aparece cuando diferentes formas de ver y habitar el mundo se encuentran.
Mi manera de investigar parte de los contextos. Cada territorio tiene sus propias historias, conocimientos, maneras de hacer y formas de relacionarse con la tecnología. Me interesa escucharlas, reconocerlas y convertirlas en materia para la creación, sin llegar con respuestas prefabricadas.
De ahí nace Nodos Cacharreo Lab: un espacio para investigar creando, experimentar haciendo y aprender equivocándose. Trabajo con prácticas artísticas contemporáneas, procesos intermediales, transmediales y multimedia experimental, explorando la tecnología desde una perspectiva crítica y creativa.
Me gusta cacharrear: abrir, conectar, probar, dañar un poquito, volver a conectar y descubrir que algo que no debía funcionar termina funcionando de otra manera. Para mí, cacharrear también es una forma de pensar. Es preguntarse qué podemos hacer con la tecnología, pero también qué está haciendo la tecnología con nosotros, con nuestros cuerpos, nuestros territorios y nuestras maneras de percibir.
Mi trabajo transita entre lo artístico, lo tecnológico y lo comunitario. Vengo del campo, pero me gusta moverme entre cables, imágenes, sonidos, conversaciones y territorios. Creo que muchas buenas ideas aparecen cuando uno escucha antes de hablar, cuando se atreve a experimentar y cuando acepta que equivocarse también hace parte del proceso.

Bases conceptuales

Mi formación en la Universidad Nacional de Colombia fue el lugar donde empecé a entender que el arte podía meterse en terrenos bastante más amplios que el lienzo. Como artista plástico, con énfasis en Nuevos Medios, comencé a explorar los cruces entre imagen, tecnología, sociedad y creación colectiva. Desde entonces, me interesa moverme entre disciplinas, mezclarlas, ponerlas a conversar y, cuando hace falta, cacharrear con ellas.

Más adelante, como Magíster en Comunicación y Medios, profundicé en las narrativas audiovisuales y en la manera en que las imágenes participan en la construcción de identidades, memorias y representaciones colectivas. Esto me llevó a entender la imagen no solamente como algo que se mira, sino como algo que puede activar conversaciones, producir relaciones y transformar nuestra manera de aproximarnos a los contextos.

También pasé por la Antropología Visual en FLACSO en 2012, una experiencia que amplió considerablemente mi caja de herramientas para observar, escuchar y trabajar con diferentes comunidades y territorios. Allí encontré otras maneras de aproximarme a los contextos y comprendí con mayor claridad que cada lugar tiene sus propios saberes, relatos y formas de hacer.

De estos cruces nace buena parte de mi manera de entender la investigación-creación: no separar demasiado el pensar del hacer, ni el hacer del conversar. Me interesa investigar mientras creo, crear mientras experimento y aprender mientras trabajo con otros. En ese recorrido se encuentran el arte, la tecnología, la comunicación y la antropología, no como compartimentos separados, sino como herramientas para formular preguntas sobre nuestras maneras de habitar, representar y construir los territorios.

Docencia e investigación

La docencia apareció como otra forma de cacharrear con el conocimiento. A lo largo de mi trayectoria he desarrollado procesos de formación e investigación en instituciones como la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Jorge Tadeo Lozano, la Universidad Pedagógica Nacional, la Fundación Universitaria Los Libertadores, la Fundación Universitaria Bellas Artes de Medellín y la Fundación Universitaria Compensar. En estos espacios he encontrado en el aula un lugar para cruzar arte, tecnología, comunicación y pedagogía, pero también para probar ideas, equivocarse, conversar y volver a intentar.

Mi experiencia como docente-investigador se ha concentrado especialmente en procesos de investigación-creación, semilleros y proyectos relacionados con cultura visual, realización audiovisual, apropiación tecnológica, creación interactiva y multimedia experimental. Me interesa que la enseñanza no sea una simple transmisión de conocimientos, sino una experiencia de intercambio donde quienes participan puedan poner en juego sus propios saberes, preguntas y formas de hacer.

Entiendo la docencia y la investigación como dos prácticas que se alimentan mutuamente. Enseñar implica seguir aprendiendo, e investigar muchas veces significa aprender con otros. Por eso, concibo el aula como un laboratorio: un espacio donde el conocimiento puede ensayarse, desmontarse, reconstruirse y, de vez en cuando, salir por un camino que nadie había planeado.

Proyectos tecnosociales

Una parte importante de mi trabajo ha ocurrido fuera del aula y dentro de los territorios. Me interesan los proyectos en los que el arte y la tecnología dejan de ser solamente herramientas para convertirse en dispositivos de encuentro, participación y transformación social.

Esta manera de trabajar tiene un antecedente importante en el Laboratorio Nómada Medial no2somos+, una iniciativa que desarrollé entre 2007 y 2023 alrededor del uso de tecnologías emergentes, la experimentación y la autogestión con comunidades rurales y poblaciones en contextos de vulnerabilidad. El laboratorio fue construyendo, de manera nómada y situada, metodologías basadas en el intercambio de saberes, la apropiación tecnológica y la capacidad de las comunidades para producir sus propias herramientas y contenidos.

Entre 2008 y 2012 participé en Ex situ / In situ Moravia, prácticas artísticas en comunidad, en el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia. Allí diseñé y activé laboratorios de apropiación tecnológica como el Laboratorio Móvil Tricilab Moravia y el Laboratorio de Medios de Comunicación Barrial. Fueron experiencias en las que la tecnología se puso a circular por el territorio y, sobre todo, a conversar con quienes lo habitaban.

En 2013 trabajé como mediador comunitario en el Centro de Arte Contemporáneo de la Fundación Museos de la Ciudad de Quito. Allí desarrollé metodologías para talleres participativos y procesos de comunicación barrial, buscando generar conexiones entre arte, comunicación y comunidad.

Entre los proyectos que más han marcado mi recorrido está El Edén del Tigre, desarrollado entre 2019 y 2024 junto con el PNUD, la Fundación Panthera y la comunidad de San Vicente del Caguán. El proyecto se construyó alrededor de un mural colectivo y diferentes laboratorios de dibujo que permitieron conversar sobre conservación ambiental, identidad y territorio. Más que pintar una pared, el proceso permitió construir un espacio de encuentro y fortalecer vínculos alrededor de aquello que la comunidad reconoce como propio.

Estos proyectos han reafirmado una idea que atraviesa mi práctica: muchas veces el resultado más importante de una experiencia artística no es el objeto que queda al final, sino las conversaciones, relaciones y preguntas que aparecen durante el proceso.

Nodos Cacharreo Lab

En 2024, este recorrido tomó una nueva forma con nodos_CacharreoLab, un laboratorio interdisciplinario que reúne diseño visual, animación, ilustración, multimedia, intermedia, transmedia y artes plásticas. El laboratorio parte de una idea sencilla: las disciplinas no tienen por qué trabajar en habitaciones separadas. Pueden encontrarse, contaminarse y producir nuevas maneras de crear.

Nodos Cacharreo Lab también incorpora el análisis crítico de los medios y las tecnologías desde una perspectiva de activismo tecnosocial. Me interesa que la tecnología no sea presentada como una solución mágica, sino como un campo de participación, cuestionamiento y transformación. Por eso, los procesos del laboratorio buscan fortalecer las capacidades de comunidades y territorios, especialmente en regiones donde existe una oferta limitada de formación académica, cultural y tecnológica.

En estos contextos desarrollamos procesos educativos y creativos que parten de los saberes existentes y buscan ampliar las posibilidades de creación mediante herramientas accesibles. La intención no es llegar a enseñar una tecnología para luego retirarse, sino generar capacidades que puedan permanecer, transformarse y circular dentro de las propias comunidades.

De alguna manera, nodos_CacharreoLab continúa las preguntas y metodologías que comenzaron con el Laboratorio Nómada Medial no2somos+. Cambian los dispositivos, aparecen nuevas tecnologías y se transforman los lenguajes, pero permanecen algunas ideas fundamentales: aprender haciendo, compartir el conocimiento, trabajar desde el contexto y fortalecer la autonomía tecnológica y creativa.

Cultura libre

Esta continuidad también se expresa en mi manera de entender el conocimiento. Trabajo desde los principios de la cultura libre, el software y el hardware abierto, las licencias libres y las metodologías colaborativas. No se trata solamente de utilizar herramientas gratuitas, sino de defender la posibilidad de comprenderlas, modificarlas, compartirlas y apropiarlas colectivamente.

En nodos_CacharreoLab, las licencias libres son parte fundamental de esta perspectiva. Buscamos que las habilidades, metodologías y conocimientos desarrollados durante los procesos permanezcan en los territorios y puedan ser reutilizados, adaptados y compartidos por las comunidades. De esta manera, cada experiencia puede convertirse en un punto de partida para nuevas experiencias y no en un conocimiento que desaparece cuando termina el taller.

Me interesa una tecnología que no llegue como una caja negra, sino como algo que podamos abrir, desarmar y volver a construir. Una tecnología que permita aprender haciendo y que, en lugar de producir dependencia, genere autonomía, curiosidad y capacidad de creación.

Al final, todo vuelve al cacharreo: abrir una caja, hacer una pregunta, conectar un cable, equivocarse, conversar, volver a intentar y descubrir que, en medio de todo ese proceso, también estamos produciendo conocimiento.